miércoles 30 de abril de 2008

El que duerme con niños, amanece meado

Todo comenzó cuando tenía como 15 años y empecé a recibir llamadas de esos chicos que todas deseaban, pero yo elegí a un viejo y tímido amigo como mi primer novio. Creo que en el fondo él estaba agradecido, sabía de mi novedosa popularidad y se sentía privilegiado. Más tarde, no sé cómo, se transformó en un rompecorazones y fue invitado a ser parte del club de los “deseados”. Un año más tarde, dejamos entre lamentos, prometiéndonos nuestras virginidades. Durante años él intentó cobrar la promesa, incluso después de haberle dado mi “promesa” a otro, vino reclamando un poco de esas cenizas: ¡Ni loca!


-Me gustan los hombres que me vuelan la cabeza. Me dice mi amiga Inés con la que comparto secretos.
-A mí también. Le respondo. El problema es que muy pocos me la logran volar.

A Nacho lo conocí el día indicado. A los 6 meses ya tenía un cepillo de dientes y una afeitadora en casa. Me encantaba despertarlo con mis manos y mi boca en su nuca. Hacía muy poco había cumplido la mayoría de edad y le encantaba hacerse el experto en la cama. Decía que había estado con 6 chicas antes que conmigo y yo dividí el número (y eso que no le desconté el IVA). Le encantaba mentirme con una inocencia hasta divertida. A su padre nunca lo conocí. Tenía otros 3 hijos, cada uno de un matrimonio diferente. ¡Muy responsable el señor, una mamá para cada hijo! Con la mamá de Nacho nunca se casó. Le compró la casa donde ahora Ignacio vivía con su madre y pagó así su cuota de paternidad.

- Si me dejas quedarme en tu casa esta noche, te prometo que mañana te despierto con el mejor desayuno de tu vida-. Sólo por saber cual sería el mejor desayuno de mi vida, lo dejé quedarse. Por supuesto que no hubo desayuno, al menos no uno que llenara la panza.

Le decía Nacho porque todos lo llamaban así, pero hubiera preferido llamarlo Ignacio. Me gusta el nombre Ignacio. Después se empezó a quedar más seguido en casa y sin invitación. Veíamos películas que él consideraba demasiado aburridas y verlo dormir a mi costado me enternecía y entonces lo dejaba quedar.

Su madre constantemente me invitaba a almorzar los domingos, sólo fui una vez. Ir a su casa hacía más seria la relación, cosa fuera de mis planes.

La madre de Ignacio era un personaje, hablaba de él con un brillo en los ojos que era imposible no quererlo. Nacho le daba casi toda la plata que ganaba a su madre, la cual a mi parecer se la pintaba y se la fumaba. Cuando hablo de pintaba me refiero a que pintaba cuadros, cuando hablo de que se la fumaba… hablo de que se la fumaba.


-¿Te parece mal que mamá fume porro delante de mí como si nada?
-Y no sé chiquito… ¿a ti te parece mal?

Claro que me parecía mal, pero me encantaba esa inocencia que tenía e intentaba no llenarle su alma con mis prejuicios y opiniones.

Yo era varios años mayor que él. Cuando lo conocí me dijo que tenía 27 años y yo le creí. ¡Qué idiota! Sólo necesité estar sobria, para darme cuenta que ni en pedo tenía la edad que se alegaba.

En la época que dejé a Ignacio la relación se había vuelto tediosa, él me encrespaba, me sacaba de quicio, me desesperaba. Se había dejado un peinadito con el que parecía un cantante de reggueton, con unas patillas que le llegaban casi a la quijada y quería tatuarse algo asqueroso como un corazón espinado con el nombre se su madre (me diculpo con aquellos que consideran que tatuarse el nombre de la madre está bueno o con los amantes de los trillados corazones espinados). Todo me superaba. Estaba atravesando una etapa de innovaciones idiotas donde el hecho de tener qué pensar si lo que me decía era enserio o se quería hacer el rarito me ponían muy nerviosa.

-Quiero operarme y abrirme la lengua en dos, como una serpiente. Quiero dos hijos: Juan Ignacio y José Ignacio.

A veces pensaba que todo era para enloquecerme, y lo estaba logrando. Por una época le dio por hacerse el malito y me informaba que no se iba a quedar en toda la semana porque iba a estudiar en la casa de una compañerita. No sé si estudiaba, no sé si se la cogía, no sé si estaba conspirando para volverme loca, pero sus días en mi vida estaban contados.


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martes 29 de abril de 2008

-¡Claro! ¡Un blog!

A los diez años descubrí que no era tan bonita como las otras niñas. Esto suele sucederle a muchas niñas pero a más avanzada edad: fiestas de quince donde no las sacan a bailar, cuando empiezan con la vida nocturna y a algunas amigas les empiezan a pedir el teléfono, etc etc etc. Pero yo, con diez años me pude dar cuenta de mi desventaja. Me habían adelantado un grado años atrás y mis amiguitas, que empezaban a desarrollarse, se ponían cada vez más lindas. Yo, un año y medio más chica que ellas, parecía un varoncito con facciones femeninas.

-Si no soy linda, entonces seré la más inteligente. Decidí

Y descubrí que me encantaba leer, ver películas que no correspondían con mi edad y tener charlas con mi abuela hasta altas horas de la noche.

Me convertí en una esponja y todos notaron que era bastante más lista que los chicos de mi edad. Me desarrollé y me puse más fea aun, tener hermanas mayores es un factor clave en tu futuro estético; y yo…soy primogénita. No primas, no hermanas, no nada, lo que equivalía a comprarme ropa 3 talles más grandes, elegir los peores cortes de pelo y por supuesto combinar muy mal la ropa.

Años después, mágicamente me puse linda, cada vez más linda y ahora soy una chica guapa e inteligente: ¡Peligrosa combinación para un hombre!

Desarrollé un gusto por el sexo opuesto bastante peculiar y me convertí en una máquina de seducción. Los quería y los tenía. Uno más uno igual a dos.

Ahora aparentemente tengo un problema, no logro que las relaciones me duren más de 6 meses, o los hecho, o me hechan o más triste aun… terminamos siendo buenos amigos.

Mi amiga Inés alias Inesa lleva años sugiriendo terapia, y acá no quiero herir la sensibilidad de los que hacen terapia, los que son psicologos o apoyan la psicología bla bla pero la onda terapia mmmm no es lo mio.

Así que hace un par de semanas, después de haber dejado con mi 4to o 5to novio de este año….

Ines: -Amiga, ya te dije que tenés que hacer terapia! No podes seguir teniendo relaciones patéticas...

-¿patéticas?

-Sí. Patéticas

-Ya sabes lo qué opino de la terapia…

-Entonces buscá algun otro tipo de ayuda, no sé

- ¿tipo Flores de Bach? ¿Acupuntura?

- Lola, dejate de joder ¿flores de Bach? ¿acupuntura? Te juro que te falla algo, sólo falta que sugieras un blog

-!cómo no se me había ocurrido! ¡Un blog!

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