lunes 15 de septiembre de 2008

El amarrete

-Tengo un chico perfecto para vos- me dijo una compañera de trabajo. Normalmente cuando me dicen eso, accedo a salir con el chico “perfecto para mi” sólo para mirar qué significa eso. Generalmente los chicos perfectos para mi son unos inadaptados sociales o psicópatas de mierda, cosa que no me simpatiza para nada pues no quiero ni imaginarme la clase de persona que piensan que soy.

Mi compañera de trabajo, Analia, es muy simpática y linda. No creo que me quiera presentar a un tarado pensé. Entonces Analia organizó una cena con su novio y El amarrete (que era mi cita) en su casa.

El amarrete tiene nombre por supuesto, pero no merece ni ser nombrado.

La cena estuvo bárbara, Analia es una genia en la cocina, y yo soy una genia eligiendo vinos que hacen las veladas de este tipo menos estresantes.

El amarrete resultó ser super guapo, creo que uno de los chicos más lindos con quien salí. Charlamos toda la noche, nos reímos a más no poder, en conclusión MU CHA química. El pibe me encantó. Cosa que no me suele suceder. Me pidió mi teléfono y quedó en llamarme. Durante la semana no supe nada de él y me sentí como una adolescente otra vez. El viernes en la tarde llamó y debo confesar que sentí esas cosquillas que tanto extrañaba.

Me dijo para ir a cenar al restaurante de moda y yo encantadísima!

Ines:

-No puedo creer, primera cita y te lleva a ¡Tantra! a ¡Tantra!

Yo:

-Bueno, tampoco sale un millón cada plato

Ine:

-Mi hermana fue para su aniversario, dice que te encontrás con la mitad del jet set ahí y que Ca ri si mo. Lo bien que haces en salir con un chico estable, de trabajo estable y además lindo!

Yo

-¿Cuánta plata te parece que debería llevar?

In:

-Eres la única persona que conozco que no tiene tarjeta de crédito, no entiendo. Cuántas veces te dije que te sacaras una.

Yo:

-Ya te expliqué Ines que con tarjeta no controlo lo que gasto

Ine:

- Y qué sabés si nunca tuviste ah?

Yo:

-Ese no es el punto. ¿Cuánta plata te parece que llevo?

Ine:

-Y nada, si te invitó él. Llevate algo para el taxi por si resulta ser un pervertido o algo podés salir corriendo (risas)

Yo:

Te llamo mañana

El lugar era como una obra de teatro, todos sonreían. Habían chicas tomando exóticos martinis en unas barra que parecía sacada del futuro. Los barman hacían malabares mientras servían tragos y todo era muy claro, muy blanco. Nunca había ido a un lugar donde TODO el mundo fuera lindo, era como un universo paralelo, hasta intimidaba, pero yo había pasado horas frente al espejo y me sentía como una reina.

El me preguntó si podía elegir mi plato y yo encontré su gesto muy determinante y excitante.

El menú:

Entrada: espárragos y hongos gratinados

Plato principal: Salmón teriyaki con vegetales salteados

Postre: Muerte por el chocolate (el nombre no le quedaba chico cuando decía muerte por el chocolate)

Pedimos un vino, ese lo elegí yo: Un tanat reserva 2005.

Charlamos de la vida, de los perros, de los sobrinos (suyos, claro) me contó de su maestría en “Espacios Interiores” que hizo en Milán. De cómo es vivir allá, de las mujeres Italianas, de una novia danesa que tuvo, todo super interesante, hasta cuando habló de la ex fue interesante. El amarrete parecía un perfecto hombre como me lo había descrito Analia, hasta que llegó la cuenta…


Amarrete:

(haciendo cuentas en voz alta)

-Son 1600 pesos, osea que yo tengo que poner 800 más la propina, 160 dividido en dos son 80: 880.

Yo, que no salía de mi asombro intenté que mi cerebro funcionara rápido: Mierda, por qué soy la única persona que Inés conoce que no tiene tarjeta de crédito… ¿lloro o me río? Mmm me hago la loca, qué más da

Amarrete:

-Linda, lo tuyo es 880

Yo:

- Tengo dos opciones, me quedo lavando platos o me prestas mis 880

Traté de hacerlo sonar gracioso, aunque en realidad tenía que decirle paga por mí que después te mando la plata con Analía, ahh y con cara de culo, pero la noche había estado bien (ya no era perfecta, obvio) y no pensaba amargarme por 880 pesos.

Me trajo hasta mi casa, debo decir que cuando nos subimos al carro me abrió la puerta, cosa que no entendí, pues si te haces el caballero al menos pagá la cena flaco!!. Cuando me fui a bajar me preguntó si no había invitación a tomar un té y bueno, qué más daba, lo invité a subir.

Lo primero que hice cuando se fue (a las 3 am) fue llamar a Inés:

-¿Cómo hago para sacar una tarjeta de crédito?

Y me mandó a cagar.

A la semana siguiente salimos al cine, en época de Oscares hay mucho para ver. Como él había pagado la cena anterior le dije:

-dejá, dejá, yo pago

Él, con voz de pseudo locutor:

-Su saldo ha disminuido y usted debe 770 pesos. Trin trin

¿Trin trin? ¿Qué intentaba hacer? ¿sonido de caja registadora? Y sólo me quedó sonreír. No tengo idea de qué se trató la película, no podía parar de pensar que estaba saliendo con un amarrete, un guapisimo amarrete. ¡Claro, seguro por eso anda soltero! ¡Quién quiere salir con un tipo que paga una vez y te va descontando dinero cuando pagas algo! ¿Qué somos, una sociedad? ¿ tengo una cuenta corporativa con él? Me tuve que salir en la mitad de la película con la excusa de ir al baño a contarle a Inés el nuevo episodio y claro, bancarme su putiada por haber salido con el flaco de nuevo.

Dos semanas más tardes, después de no haberle atendido el celular unas 15 veces se me acercó en la oficina Analía:

Yo:

-Mira Ana, te agradezco tu gesto de habérmelo querido presentar pero no me interesa volver a salir con él

Días más tarde…

Analía:

Ayer vi a (el amarrete), me preguntó si sabía por qué no le contestabas ni le devolvías sus llamadas y le dije la verdad, que me dijiste que no te interesaba.

Yo:

Está bien. Gracias Ana

Analía:

Me dijo que porfavor te pidiera la plata que le debías.

(Este es el tipo de momentos es que pones cara de no entiendo nada, cierras los ojos fuertes y volverlos a abrir para comprobar que no estás soñando)

Yo:

Dile al infeliz, que como yo no guardo tikets, ni registros de lo que salió la maldita cena, que me avise cuánto le debo

Tenía que haberle dicho que con esa plata no pagaba ni la mitad del tiempo que me hizo desperdiciar, ahh, ni el rimel nuevo que compré la primera noche que salí con él. ¡Por favor! ¡Qué suerte que no me lo encamé! Capaz que eso también me lo cobraba.

Inés:

No puedo creer. Es un amarrete pero de sangre, ¿Estará enfermo?

Yo:

Enfermo mental, capaz que sí. Hago recuento de la noche y no puedo creer que el macho que tenía enfrente mio sea el mismo q me persigue cual cobrador de hipoteca.

Inés:

¿Decis que te va a cobrar la plata?

Yo:

La verdad no creo, no me importa pero ya nada me sorprende

Unos días después:

Analina:

Linda, te juro me muero de la vergüenza de todo lo que está pasando, pero dice (el amarrete) que son tipo 700 y algo de pesos. Que le mandes 700 y está todo bien. Palabras textuales. Yo me quiero morir de la vergüenza con vos.

Yo:

Ana, tomá estos 1000 pesos y decile que con el cambio intente comprarse una vida.

FIN

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